<body><script type="text/javascript"> function setAttributeOnload(object, attribute, val) { if(window.addEventListener) { window.addEventListener('load', function(){ object[attribute] = val; }, false); } else { window.attachEvent('onload', function(){ object[attribute] = val; }); } } </script> <iframe src="http://www.blogger.com/navbar.g?targetBlogID=18701410&amp;blogName=%C2%BFY+a+ti+a%C3%BAn+te+cuentan+cuentos?&amp;publishMode=PUBLISH_MODE_BLOGSPOT&amp;navbarType=BLACK&amp;layoutType=CLASSIC&amp;searchRoot=http://sherezadecuentacuentos.blogspot.com/search&amp;blogLocale=es_ES&amp;v=1&amp;homepageUrl=http://sherezadecuentacuentos.blogspot.com/&amp;vt=3077474063361434245" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no" frameborder="0" height="30px" width="100%" id="navbar-iframe" allowtransparency="true" title="Blogger Navigation and Search"></iframe> <div></div>

¿Y a ti aún te cuentan cuentos?

 

Retornable

16/05/2012


Comenzaste a vestirte, con gesto casi descuidado, la ropa interior, una de tus eternas camisetas negras, los vaqueros. Yo había hecho lo mismo, semanas antes, en una huida que sé deletrear de memoria. Tú entonces me preguntaste si no iba a quedarme. Y yo, como siempre, impuse mi terreno seguro; la riada de tiempo, gestos medidos y palabras adecuadas no permite trazar puentes. Entonces me pareció el vals perfecto. Tú ansiabas borrar fronteras tan poco como yo. Yo no creía en el amor, ningún tipo de amor y tú renegabas de todas las primeras personas del plural. Era limpio. Era seguro y aún desde la distancia podía contemplar sin necesidad de agudizar la vista, decenas de redes a mi servicio. Hacía tiempo ya que desaprendí los pasos en falso.

El problema, el pago, el aviso, mi torpeza es mi propia ausencia. Y allí, mientras te vestías, y no era capaz de ofrecer las mismas palabras, quédate si quieres, me di cuenta de que era tarde para mí. Supe que los retornos nunca se hacen con las manos vacías.

Supe entonces que la impermeabilidad siempre cobra su peaje; cuando estás tan vacía que cualquier retorno de hace inviable. 

(...)

02/04/2012


Tramoyista

24/03/2012



- No puedo salvarte

Le miró, viéndole completo por primera vez. Apartando aquél enorme telón que él había erigido entre todo lo que era y todo lo que aparentaba, lo que escondía. Ella lo había sabido desde el principio o quizás un poco después. Sí, fue un poco después, la noche de su primer beso, antes de doblar la esquina. Cuando descubrió aquél gesto casi invisible, un movimiento leve, como si agitase el terciopelo granate de su escondite y se ocultase con él, disfrazándose un poco.

Más tarde descubrió que vivía siempre disfrazado, que rara vez cruzaba la linea. Si acaso asomaba por aquí un brazo, por allá un pie pero jamás pudo ver con sus propios ojos más allá de una desnudez física con la que también se cubría. Ella intuía qué había más allá, silabeaba palabras que, sibilinas, devolvían más que lo que disparaban. Observaba. Recordaba. Así llegó a aprenderse los ribetes de todas sus figuras, las que se dibujaban a contraluz, acariciando el terciopelo de sus límites. Le miraba y sabía cuanto podía ver de la realidad. No intentaba buscar el mecanismo que deshiciese el telón y así encontró el laberinto que le hacía sacar determinadas partes de sí mismo, ocultando otras según el momento. Quizás solo llegó a comprenderlo.

Aquél día ella lo vio todo. No tuvo ni que apartar el telón, conocía ya, milímetro a milímetro, lo que había detrás. Lo había sabido desde el principio o quizás un poco después. Sí, fue un poco después, una noche entre andamios, cuando le dijo que no podría vivir entre dos mundos y ella supo que era su única espectadora.

- No puedo salvarte.

Pero ya no quedaba nadie a este lado del escenario. 

Sonando : "Eme" de Leiva

La foto es de gui.tavares

Mi abuela favorita

06/03/2012


Mi abuela favorita me dijo un día que todo el que puede te defrauda alguna vez. Me pasó la mano por el pelo ensortijado y me explicó que lo importante no es el hecho de que te decepcionen sino la manera, el empeño en reparar el agravio y, sobre todo, la forma en que esa mácula se acoda, más o menos, en tus pupilas, cambiando las cosas.

Mi abuela favorita cumplió lo dicho. Se olvidó de mí cuando el alzheimer decidió hacer recuento, uno a uno, de todos sus recuerdos. Y no solo eso; se marchó la primera, obligándome a llorarla lejos de casa, donde jugábamos a la escoba y me acunaba siempre con esas manos que olían a leche y azúcar. Antes de irse, matizó la enseñanza esperando a que estuviese lista para atesorarla. Cuando lo necesitas -me dijo- siempre hay alguien que no esperas que estará a tu lado. Será una grata sorpresa que contará también con una sombra porque alguien no responderá y su ausencia magullará tanto la garganta que ese vacío terminará por ser más importante que todas las presencias.

Mi abuela favorita siempre terminaba por tener razón y yo heredé esa manía de ella. Así que lo supe desde el principio. Aunque a veces tentase a mi propia experiencia jugando a creer que las cosas no iban a ser como han acabado siendo. Aunque a veces te creyese a ti. Demostraste que los refranes se cumplen, que mi abuela jamás se equivocó y que yo tampoco lo hice. Demostraste que ya no queda quien pueda sorprenderme con un paso a traspié que me arranque una sonrisa; que las palabras no valen nada. Tú solo cumpliste letra a letra lo que se esperaba de ti.

“Yo al bucle de tu olvido, tú al redil de mis instintos”

Sonando: “Maldita dulzura” de Vetusta Morla. 

Photofinish

25/02/2012



“Eres demasiado lista para equivocarte”. Y me aguantas la mirada con esa paciencia densa, infinita, que acelera los calendarios y recuerda que tú y yo nunca tuvimos un tiempo determinado. Yo sabía, no me equivoqué, que volveríamos, de nuevo, a esbozar mañanas en un material que nunca alcanzaría tal fecha. Tú volvías, otra vez, y me dejabas un puñado de verdades que yo no aceptaría hasta degustar su veneno por mí misma.

Hace ya mucho de aquél día, de la última vez que te entretuviste contándome los lunares, que volvimos a cometer errores antiguos, de la última vez que besé a la primera persona que quise y me quiso. Hoy has vuelto a repetirme esas mismas cinco palabras con las que consigues abrirme en canal y hurgar directamente en la base de este reloj de arena. Hoy has vuelto para recordarme las únicas tres certezas que se han mantenido desde aquél noviembre febril de mi mayoría de edad. Que siempre me querrías (quizás haya conseguido creerte), que siempre estaría sola y que era demasiado lista para equivocarme. Has vuelto para recordarme nuestra batalla, la que nunca peleamos juntos pero la que siempre nos venció por separado; da igual como lo hagas, da igual que midas las palabras, los pasos, da igual que te dejes la piel, las ganas y que cartografíes el escenario perfecto para que nadie salga herido. No importa, nunca lo hace.

Has vuelto para recordarme el porqué. Todos los porqués. Porque los silencios, porque las noches, porque ciertas caricias que nunca llegan a nacer, porque el hielo, los anclajes y las ganas, porque hay nuncas, cajas y límites, porque muerdo los labios y porque los cierro pero sobre todo porque duele. Porque nunca me oirán decir adiós. Porque siempre estaré sola. Has vuelto y me has recordado que nunca seré como él, ni como ella, ni tan cobarde ni tan mezquina. Has vuelto para recordarme que cumpliste tu promesa y has pedido que yo haga lo mismo con la mía.

Y yo solo puedo decirte que lo intento.


Sonando: “Photofinish” de Zahara. 

Shibuya

24/01/2012


Odio las habitaciones vacías, las que fueron mías, en las que crecí un poco. No puedo evitar concentrarme en las paredes, ahora blancas, diluyéndose como leche mal fermentada sobre los zócalos mudos, conteniendo el aliento, ahogando el silencio del que tanto tiene que callar.  Paseo por las esquinas, oscuras, con la tenue iluminación del abismo columpiándose en un ayer que nunca llegó a ser, que jamás supo traer la luz oportuna, la necesaria. Las bombillas desnudas nunca llegaron a lamer los rincones más allá de la capa superficial de polvo, donde todo terminaba por pudrirse mientras yo me dedicaba al estúpido oficio de amaestrar los espejos.

Ahora, ante esta habitación, mi habitación vacía vuelvo a tener constancia del eco interior. Los latidos reverberan en una cavidad en la que se confunde el relevo del verano con el arranque del invierno. Los sonidos se mezclan, se agarran a las paredes e intentan abullonarse para vestir de largo las telarañas. Y como siempre, cuando el silencio aparece, ya no queda nada.


Y vuelvo a pensar, aquí donde se cimenta el vacío,
 que la confianza es un sistema de vasos comunicantes y cuanto más crees en ti, menos crees en los demás. Así que ahora que nada espero más allá del ras de suelo me encuentro con que a mi alrededor el desierto engulle los segunderos y el aire se convierte en mercurio, denso y brillante, y solo quedo yo. Y por primera vez en años, no siento miedo.
Sonando: "Las noches de insomnio" de Niños mutantes.
La foto es de herrolm

Contigo

09/01/2012



"No, no quiero que me necesites". Tú frunces el ceño como si esas 6 palabras fueran un ataque directo a tu línea de flotación y quisiera hendirte la sal en todas las llagas. Estudias mi gesto y veo como se dibuja en tus pupilas la incertidumbre de la verdad revelada. Lo sabes pero no quieres saberlo. Y vuelves a desviar la mirada ante el desconocimiento de qué hacer con todas las canciones de amor, las películas de sobremesa o los poemas más versados.   


No quiero que me necesites ni que me jures que no podrías vivir ni un instante más sin mí. No quiero ataduras más allá de la inmovilidad traviesa entre las sábanas ni que me repitas cada día, como un mantra, que me quieres hasta que la costumbre devore las palabras y las deje agonizar en la cuneta. Sabes que yo solo pronuncio esas 8 letras cuando me explotan en los carrillos y se me derraman por la comisura de los labios. Sabes que reniego de lugares comunes, del diminutivo imperfecto, de pertenencias. Y aunque creo que sería capaz de acostumbrarme a amanecer con tu olor en mi piel y enzarzada entre tus brazos, habrá noches en que no sepa construirme en plurales. Habrá noche que ni siquiera crea en ellos. 

Por eso prefiero, simplemente, que elijas venir conmigo en esta noche obtusa. Que me beses sin traer las alforjas rebosantes de palabras que, aunque lo intenten, siempre demuestran menos que ese gesto que tratas de ocultar. Cuantas más letras, más fácil es que alguna no sea cierta. Así que solo cierra los ojos y ven. Tú, solo tú. Y yo, solo yo. 


Porque hoy
solo quiero estar un rato más contigo.    

Sonando: “Contigo” de Joaquín Sabina y “Seguramente me lo merezco” de Tulsa
La foto es de xapaburu
 
   

Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.




© 2006 ¿Y a ti aún te cuentan cuentos? | Blogger Templates by Gecko & Fly.
Ninguna parte del contenido de este blog deberá ser reproducida sin el consentimiento previo de la autora.